Todos llevamos dentro una cierta capacidad que, en determinados momentos de la vida, parece despertar con una fuerza especial. La podemos sentir como una especie de percepción más sensible de lo que sucede a nuestro alrededor y que se empieza a convertir en una guía que nos conecta con algo más elevado que trasciende lo cotidiano.
Lo milagroso, lo desconocido, aquello que desafía la razón, ha sido a través de la historia una atracción para el ser humano. Nuestros libros, mitos, películas y leyendas están llenos de historias de héroes y heroínas únicos, con habilidades extraordinarias que alcanzan una influencia en la vida social. Una y otra vez hemos intentado penetrar en los misterios de la vida, con la secreta esperanza de poder alcanzar el dominio sobre las fuerzas que gobiernan nuestra existencia.
En el contexto del yoga y, especialmente, de los Yoga Sutras de Patanjali, estos poderes o capacidades extraordinarias se denominan siddhis (सिद्धि).
La palabra Siddhi (सिद्धि) procede de la raíz sánscrita √sidh, que significa «lograr», «alcanzar», «tener éxito» o «perfeccionarse»; significa también realización, perfección, poder o capacidad extraordinaria. El Siddhi es una habilidad que puede surgir como resultado de una práctica espiritual sostenida, es una transformación a nivel fisiológico, físico, energético, espiritual, que le permite al practicante expandir su nivel de conciencia para acceder a otros planos de realidad.
En el mundo del Yoga se conocen antiguos relatos sobre yoguis de la india, que desarrollaron capacidades y poderes extraordinarios, al alcanzar distintos y elevados estados de conciencia, como la capacidad de volar, vivir durante largos períodos de tiempo, crear objetos materiales a partir del pensamiento, sanar a los enfermos, subsistir largos periodos de tiempo sin alimento ni sueño, levitar, reproducir otro cuerpo físico idéntico, e incluso conocer acontecimientos sobre el futuro y el pasado. Estas antiguas historias, presentaban el yoga como una ciencia reservada únicamente a unos pocos seres extraordinarios y excepcionales, excluyéndonos a los “normales y corrientes” a ni siquiera contemplar la posibilidad de poder desarrollar algún don espiritual.
Estos ‘poderes” espirituales son el resultado orgánico de la combinación de varios factores, entre ellos, la limpieza de los canales energéticos, llamados nadis, el despertar del kundalini y la limpieza del karma a través de la práctica de determinadas técnicas como la meditación, yoga físico, mindfulness, vivir con más conciencia, auto observación, haber vivido una experiencia cercana a la muerte, el estudio de texto sagrados, silencio y contemplación, la práctica de pranayamas, Tai chi, contacto con la naturaleza, prácticas de compasión y servicio, mudras , el canto de mantras, entre otros, o a través de estar bajo la asesoría directa de un gurú.
Para algunos Yoguis esto puede ser el resultado de un trabajo de arduos años, para otros puede darse en su primera práctica espiritual. Pero paradójicamente los siddhis no son el objetivo final de la práctica espiritual, solo son el resultado orgánico de ella. De hecho, se advierte en los textos sagrados de los Yoga Sutras de Patanjali que el apego a ellos puede representar un obstáculo en el proceso de liberación y culminación de la rueda karmica.
Lo que la mayoría de nosotros desconocemos es que algo más simple, como desarrollar tu poder mental y emocional, crear estados de paz y tranquilidad, potenciar tus habilidades artísticas o incluso hacer que tu cuerpo sea saludable, también son siddhis.
¿Y si nuestros dones espirituales no estuvieran destinados a hacernos diferentes, sino a ayudarnos a vivir de una manera más plena y consciente?
¡Esto es un regalo del Universo! ¿Sabes cuántos Yoguis se preparan toda su vida para poder desarrollar está habilidad? ¡y tú la tienes de manera natural!
Estas fueron las palabras de mi maestro Gled, después de haber acudido a él en completo estado de shock y pánico, después de haber vivido una experiencia tan extraordinaria como aterradora. Por aquel entonces, estaba en una formación de yoga, en un retiro por tres semanas en la montaña, y una madrugada me “salí” del cuerpo, luego de una especie de desintegración celular. Bueno al menos así yo la viví, y luego me tele transporté y observé una de mis vidas pasadas, con colores, textura, sensaciones y en otro cuerpo, tal y como si estuviera allí presente.
Debo aclarar, que esa no fue mi primera vez, Mi primera experiencia de salirme del cuerpo, la experimenté a los 12 años de edad. Recuerdo que una amiguita de la escuela, vino a mi diciendo que la monja nueva de nuestro colegio, le había contado, que ella podía ir a muchos lugares sin tomar un avión, le dio las instrucciones de cómo lograrlo y mi amiguita me las dio a mí. Por supuesto, llena de curiosidad me puse manos a la obra un mediodía, y tremendo susto me di, al ver desde el techo de mi casa, mi cuerpo en la cama …muerta de miedo y culpa le prometía a Dios no volverlo a hacer, promesa que volví a hacer años más tarde bajo la ayuda de un parapsicólogo y que rompí luego de mis formaciones como profesora de yoga, cuando comprendí que todo eso, hacía parte de mí.
La otra polarización que solemos experimentar cuando hay una activación de los dones es la secreta arrogancia de sentirnos superiores, más preparados o especiales que el resto de las personas. Algunos hasta llegamos a implementar numerosas técnicas, rituales, para poder mantener o repetir esas experiencias exóticas y místicas.
La mayoría de nosotros hemos idealizado, satanizado, polarizado o minimizado nuestra relación con estos poderes espirituales. El miedo o el apego han jugado un papel determinante en la forma como nos relacionamos con ellos. La raíz de esta relación tóxica con nuestros dones espirituales surge de la ignorancia sobre nuestro origen. Déjame y me explico con mayor claridad. Si nosotros fuéramos conscientes de nuestro origen divino, es decir, que somos un pedacito de Dios, de la Energía divina, o del Universo, como lo desees llamar, experimentándose en determinado cuerpo, en determinada línea de tiempo, en determinado lugar geográfico, con la intensión de experimentar la realidad y volver más nutridos a la fuente, no sería raro pensar que podemos desarrollar poderes y dones. ¿Verdad?
¡Él punto aquí es comprender para qué estoy en este momento de mi vida desarrollando un don y cómo puedo implementar esa sabiduría a mi situación actual!
Los Siddhis, son como una especie de conocimiento espiritual dormido, que nuestra alma a través de sus distintas experiencias ha ido acumulando y que la hace especialista en determinadas áreas. Por ello no todos tenemos los mismos dones. El despertar de estas especialidades es simplemente el resultado orgánico de una práctica sostenida, que implica cumplir, perfeccionar, y completar una determinada acción. Pero también te da mucha información sobre la historia de tu alma, sus habilidades, conocimientos y lo que vinimos a desarrollar en esta vida. De hecho, el cambiar mi actitud hacia mis habilidades espirituales cambió mi vida por completo, me abrí a ver y explorar mi verdadero potencial, para luego desarrollar aquellas que me permitieran ponerme al servicio desde la verdadera esencia de mi ser.
El otro punto a comprender es que todos absolutamente todos tenemos la capacidad de desarrollarlos, unos lo haremos de forma más lenta otros más rápido. Cuando mi ego se siente un poquito especial e infladito, me gusta siempre conectar con un ejemplo que escuché alguna vez a un lama, el visualizar a la humanidad caminando en una especie de camino hacia la cima de una montaña, algunos irán delante, otros detrás, otros alcanzarán a los del grupo que va dirigiendo, pero todos en algún momento llegaremos a la meta propuesta.
“¿Qué ocurre cuando aquello que percibimos con el alma comienza a pedir un lugar en nuestra vida cotidiana?”
Estamos viviendo una época extraordinaria, donde la mayoría de la población humana tiene acceso de forma casi inmediata a información privilegiada, que ayuda a potenciarnos para que desarrollemos de manera tangible dones espirituales. La anatomía de nuestra madre tierra está cambiando y nosotros también. Pocas veces se han unido condiciones casi excepcionales para que despertemos en masa a nivel espiritual, esto es un gran reto e implica una gran responsabilidad que requiere mucho discernimiento por nuestra parte con relación a este tema.
Porque tal vez el reto no sea solamente descubrir qué don tenemos, sino preguntarnos:
¿Qué hacemos con aquello que la vida nos ha dado? ¿Cómo puedo poner este conocimiento o destreza al servicio de un bien mayor?
Quizás el verdadero propósito de un don no sea exhibirlo, ignorarlo, ni aferrarnos a él, sino aprender a integrarlo. Vivirlo con los pies en la tierra, ponerlo al servicio de la vida y encontrar un equilibrio entre lo espiritual y lo cotidiano. La invitación que nos hace la vida, es avanzar a nivel evolutivo hacia nuestra meta de encontrarnos de nuevo con la fuente y elevar el estado de conciencia a nivel colectivo.
Te propongo las siguientes preguntas como una guía de auto reflexión sobre cuál es tu relación con tus dones
- ¿Esta experiencia de conectar con mis dones, me lleva hacia el amor o hacia el miedo?
- ¿Qué cualidades o sensibilidades siento que forman parte de mí esencia, de manera natural?
- ¿Me hace más humilde o más importante ante los demás?
- ¿Produce buenos frutos en mi vida?
- ¿Estoy interpretando algo que realmente ocurrió o estoy proyectando mis deseos?
- ¿Para qué se está presentando esta experiencia en mi vida en estos momentos?
- ¿Estoy utilizando el don para servir o para secretamente sentirme especial?
Como todo superhéroe de película sabe, “Un gran poder conllevar una gran responsabilidad”. Cuando una habilidad espiritual se ha abierto, tenemos que aprender a discernir qué paso evolutivo tenemos que dar con respecto a esa nueva habilidad. Desarrollar y conectar con la intuición te puede ayudar a ello.
¿Pero cómo hacerlo? Personalmente creo que hay muchas formas de llegar a la cima de la montaña y cada una es válida para cada camino de vida, sin embargo, el yoga propone el despertar de los chakras, especialmente el chakra Ajna, está situado en el cerebro, en la región de la glándula pineal, detrás del centro de las cejas, en la parte superior de la médula espinal. Cuando se activa este chakra aparece de forma orgánica el conocimiento de los siddhis y de cómo incorporarlos en ti. Para estimular de forma correcta Ajna chakra es necesario trabajar de forma equilibrada los demás chakras, así como el cuerpo emocional, físico, energético. Una práctica que te puede ayudar a desarrollar el chakra Ajna es la práctica de El bhramari pranayama
Este pranayama es muy sencillo, importante y útil. Para hacerlo se tapan los oídos y se mantienen los labios cerrados, separando los dientes, para producir el sonido de Om durante la exhalación, con la boca cerrada. El sonido se vuelve parecido al zumbido de una abeja. Al inhalar profundamente y producir después el sonido de Om durante la exhalación, se generan vibraciones dentro del cuerpo que modifican los patrones mentales del cerebro. El cerebro tiene dos hemisferios y ambos están generando constantemente energía que fluye en determinadas direcciones. La vibración que produce el sonido del mantra Om, cambia el movimiento de esta energía. Lo anterior influye y equilibra la energía de lo que sucede en todo el cuerpo.
A través de asanas, pranayamas, hatha yoga y las disciplinas meditativas o vivir de forma más consciente, se puede adquirir también el dominio sobre los elementos en nuestro cuerpo físico y energético, esto a su vez permite que se comience a eliminar la educación y los condicionamientos convencionales que nos limitan a experimenta el mundo desde una mera perspectiva fenomenológica, es decir, creer que el mundo y nosotros somos solo lo que perciben los sentidos.
Ahora te brindaré algunos consejos prácticos sobre qué hacer en la práctica, cuando aparece un Siddhi.
Trata de elevar los estados de vibración, mantén tus canales energéticos y físicos sanos y fuertes, esto te ayudara a conectar con tus habilidades desde un lugar de paz, luz y confianza.
Busca informaciones confiables sobre ese don que estés desarrollando, esto te permitirá a nivel cognitivo comprender mejor qué te está pasando
Intenta encontrar o conectar con personas que hayan vivido experiencias similares, su testimonio puede servirte de guía para saber cómo sobrellevar el proceso con más confianza, además de saber que no eres la única persona que está pasando este tipo de vivencias.
Ten claro que el desarrollo de poderes o siddhis, son solamente un aspecto secundario frente al objetivo mucho más elevado e importante de la vida: que es el conocimiento de uno mismo, que es en realidad, el mayor siddhi que podemos alcanzar y engloba a todos los demás.
Aprende a reconocer tu don sin apropiarte de él, vivirlo sin depender de él y compartirlo sin perder tu centro.
Para terminar, te invito a reflexionar: ¿Mi percepción sobre mis dones me lleva hacia una mayor claridad y expansión o hacia la confusión y limitación?
Me encantaría leer cómo ha sido tu experiencia con el descubrimiento y desarrollo de tus dones, y desde que lugar lo has experimentado.
Muchas Gracias por tu tiempo y energía. ¡Te abrazo con el alma!
Shima Yoga